El futbol ha sido mi principal deporte, pasión, 2da religión. Es y será siempre parte de mi vida diaria. Lo conozco desde pequeño cuando empecé a jugar con la gente del barrio, luego en el cole, la universidad, para llegar por ahora a los escenarios actuales donde lo juego, con la gente de la chamba y con los ex alumnos más veteranos de mi cole.
La “gallada antoniana” se formo hace 7 años cuando mi vecino y amigo Lucho y yo que andaba en cuarto de media íbamos al cole los sábados por las tardes a pelotear un rato, en el típico juego del arco a arco que nos entretenía un poco y nos cansaba lo suficiente para llegar a la casa por el duchazo respectivo, sabiendo que se hizo algo. Luego ese grupo de señores entre jóvenes y “tíos”(adultos mayores) que jugaban aparte en otra de las lozas del colegio nos “jalaron” para pelotear con ellos dado que les faltaba gente a veces y desde ese momento nos hicimos parte del grupo y no dejamos de faltar(aunque a veces si) todos los sábados para pelotear. Con la gente de la chamba es mas difícil, el trabajo es duro pero antes de acabar el año nos juntamos para un partidito en la cancha de la “Once” en Surquillo. Para mí era chévere pelotear en el denominado “Chicago Chico”, donde Ribeyro narra la violenta “mecha” entre el Pibe Alberto y el Cholo Gálvez(El próximo mes me nivelo), y además el ambiente del distrito en ese entonces y que por ahora persiste, un ambiente tenso, amenazante, parecido al de la ciudad norteamericana en años anteriores(de ahí el nombre). Ese partido fue bueno, aunque al final mi equipo perdió por dos goles, hemos decidido que estas pichangas continuaran por lo menos una o dos veces al mes.
En la Facu, se ha vuelto mas difícil pelotear, ahora que todos trabajamos no hay tiempo de separar cancha, de ver si todos pueden, de conseguir balón, aunque en los “matches” que teníamos antes nos salía todo bien, nos divertíamos y pasaba lo que a veces era poco común, las flacas iban a vernos(caer). A ellas no sé si les gusta el futbol o no, pero están ahí. Recuerdo que una vez, Francisco, en una maniobra arriesgada (quizás por un afán figuretista, quizás porque en verdad quiso evitar una caída mas de nuestro equipo) trato de desviar la pelota, pero calculo mal y la emboco contra el arco propio. Lo gracioso fue que se metió un resbalón y cayo con toda su adiposidad al suelo y todos nos matamos de risa. Una vez Camila estuvo en una pichanga y yo anote un gol y la señale como diciendo este fue por ti pero ella ni cuenta se dio, en ese momento nada estaba claro para mi aun respecto a ella, ahora que si lo está ya le pedí a mi tío que me juegue su “mica” de la gloriosa rosada y que cuando haga un gol a lo “Checho” Ibarra me levante el polo y le muestre a ella que también simpatizo con el Boys. Como ya dije, mi corazón es celeste, pero por cariño todo.
El futbol te enseña muchas cosas, muy aparte de la técnica, los pases, las jugadas de lujo, te enseña a levantarte, a ir de a pocos y cuando seas alguien realmente bueno no caer en las poses de botado o soberbio (el “Fish” por ejemplo), a ser líder y putear (alentar) a tu equipo para conseguir la victoria y saber “darle la vuelta” al resultado en los momentos difíciles. Cuesta reponerse, tener físico, la mente enfatizada en ganar y no importan las lesiones, raspaduras o roturas de cara (como la de Fleitas), uno debe de seguir luchando por ganar, pase lo que pase. Cada pichanga, como en muchos desafíos de la vida es una batalla, y hay que rajarse, sacarse la mierda, por lograr lo que se quiere: GANAR y por goleada a los retos que se presentan.
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